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Catalina CHERVIN. Sismógrafo.






n. Corrientes, 1953.




La fundación estructural de los trabajos de Catalina Chervin está regida por un ejercicio, que hace visible la estructura de los instintos, la conducta del inconsciente y el efecto sorpresa. ¿Cómo ingresa, cómo llega a escena? Si dudamos de su existencia, la jerarquización de un mecanismo que exceda a la responsabilidad del hombre, tal vez la enfrente a un sistema. Sistema que nuestra sociedad de fin de milenio, al transformarlo en parodia, produce la quebradura moral del individuo.

Esta atención expectante, soñada recurrentemente, arrastra casi sin querer a nuestra artista del sueño a la vigilia y de la vigilia al sueño.

La enorme superficie de la hoja de papel que enfrenta, "contiene" ese vacío casi loco, desconectado; es el desierto, el páramo, el escenario donde actuar, que propicia la confrontación con uno mismo; es penetrar en un mundo surrealista, del cual se sale transformado, salvo que una inoportuna vuelta de tuerca nos impida partir de ese espacio-tiempo.

La victoria surge con el primer grafismo. Renunciando al dibujo guiado por el intelecto y la razón, hace su aparición la escritura automática, esa fluyente sucesión de líneas errantes (es como una remembranza del temblor de labios que pronunciaron la palabra). Serán las portadoras de lo posible al ser redibujadas mentalmente por el espectador, convirtiéndose en puerta abierta a lo misterioso, al absurdo, a la imaginación creadora.

La comunicabilidad avanza por esta técnica, que será la voz narradora, la cual irá descubriendo los núcleos de información -sus verdades, falencias, contradicciones- estigmatizantes de un borde artístico. Para decodificar esta gramática, ¿cuál es el centro donde estamos ubicados y qué superficie de apoyatura nos indica lo que está por debajo?

Es el centro de violencia ejercido por los dueños del poder, y la superficie, base personal de los miedos, las angustias, los conflictos profundos.

La alternancia de ideas-fuerza de Catalina Chervin, con la violación del discurso fronterizo social e ideológico, con los tanteos y tropezones, se funda en enunciado de su propia enunciación -su autobiografía como experiencia vital y no como crónica-. Es la voz de un yo y un él, narrador dentro y fuera de la historia, que graduando su imagen asume distintos roles, con la problemática trascendente de los seres no ficcionales.

Criaturas que presentan fisuras y degradaciones de tejido, por sus antagonismos más hondos, por la hostilidad emocional, por las iniquidades colectivas, en un hecho teatral no vocalizado. Es similar al de las pesadillas, donde al querer hablar no se puede emitir la voz, y si un instrumento irradia una nota, lo hará en otra escala que quizás nunca logremos escuchar, pero que enriquecerá nuestro inconsciente.

Sus trabajos en serie trascienden el linde de la unidad de tiempo.




Los retratos salen de su condición original; inmovilismo frente al objetivo, para ser una representación simbólica de su destino. Análisis de amplias oleadas y grietas que perturban el ordenamiento del cuerpo social, son secciones o ángulos, señalizados por zonas de oscuridad, lejos del autoengaño y sus beneficios.

Un sondeamiento de sus anotaciones incesantes nos convierte en partícipes de la fragmentación y yuxtaposición de elementos antropomorfos, donde la voluptuosidad de lo orgánico, en su carácter masculino-femenino, dialoga en armonía. Somos asistentes en la búsqueda del elixir de la larga vida, en un alquímico laboratorio, donde signos y símbolos son trasvasados de crisoles a alambiques.

Espacios contenedores de otros, en algunas piezas son territorios de la tinta color o sanguina, los que toman el espacio del cuerpo y al cuerpo como medida, llegando por desplazamientos, saltos o giros, a la reformulación de la medida del ser.

Tal vez dentro de algunos años, (bajo un régimen global y humanista, cuando el presente pueda ser pensado como historia) del "había una vez" de este ajuar de figuras, se desprenderá una idea o más, para que el estudioso-espectador sepa interpretar el código en el que Catalina Chervin encerró sus inquietudes, sus preocupaciones, sus ilusiones, sus días fantasmatizados, su maravilloso amor. Puede ser que ello nos permita reconocer nuestras verdaderas emociones, sentimientos y proyectos, logrando con ello reordenar nuestra lastimada identidad.

Desacralizada la naturaleza y nuestra relación con ella, iniciando el viaje a "otra región", el cuerpo dañado, sin equilibrio orgánico, tan sólo escucha el ritmo agonal de su corazón. Comienza a cerrarse a las sensaciones, vislumbra la expansión de la soledad, trata de dilatar la caída de sus quimeras; ya no le queda tiempo; hay ausencia total de ritmo.

y el alma, Catalina?



Buenos Aires, marzo de 1998.






PALABRAS COMPARTIDAS

Los relatos I y II surgieron de la observación de los últimos trabajos realizados por C.CH.



Relato I

Se observó una vez más en el espejo, ese instrumento de control instalado en un ángulo de su cuarto; en un ritual, deseando reorganizar su imagen. Y ahí estaba, en ese cuerpo oferente, firme, desafiante, casi burlona, la cicatriz. Esa señal que le recordaba nuevamente que el pasado fue real. Ese tiempo no curado, que volvía a surgir para gritar su dolor, estallando en cientos de esquirlas espejadas.

Con temor levantó la más pequeña de esas fragmentaciones del no-tiempo de la noche...

...viento, pasos, zumbido sinfín, borde filoso, sombras disociadas, lluvia, felinos, grietas, agua incontenida...

Cree que es preciso no develar ese secreto. ¡Qué sentido tiene! La muerte siempre tendrá una excusa.



Las obras de Catalina Chervin acontecen en la cabeza del observador -componente de esta sociedad nihilista y apolínea-, quien con el autoengaño y sus beneficios entra en conflicto con el manejo de la verdad.

Las imágenes obligan a replantear la historia, ya que los cataclismos argumentales provocan una vuelta de tuerca en las diferentes formas de entender la ecuación realidad y tiempo, puesta en acto con sus infinitos laberintos.

La realidad recorre una cierta cartografía fisurada, incapaz de dar respuestas. ¿Será tal vez refugio temporario, ciudad de paso o la quimérica Felicidad?

El tiempo suspendido, como el de una sala de cuidados intensivos, sin día y sin noche, escapa de esa urdimbre en forma desordenada, transitando el pasado, visionando el futuro y almacenando el presente, cargándose de poesía y nostalgia.

El sedimento de esas visiones termina en la memoria, ausente de tramas anecdóticas y formatos conocidos, lo que pasará a revelarse en el corazón de los espectadores facilitando el ejercicio reflexivo para sus sueños y sus vidas de nómades sin fin.

Frente al papel surge el signo de interrogación, la búsqueda, la necesidad de explicación a esa pulsión cotidiana, en sus dos vertientes: entre lo ideal y lo real, lo lleno y lo vacío, lo encantador y lo sórdido, entre el murmullo y el grito. Es en ese campo a descubrir que C. Ch., encuentra lo que se oculta, lo que no se quiere mostrar por prejuicio, por temor a perder la habitabilidad de este mundo.

En sus trabajos no hay grandes protagonistas; sabe que los héroes y sus mitos contemporáneos están devaluados.

Hace la sumatoria de varios personajes, de cientos, de miles, que entretejen el argumento de un planeta donde el caos es soberano; los que serán atrapados en una instantánea, cuando los grafismos sin preconceptos comienzan a funcionar.

Estos viajeros quedarán grabados por el reconocimiento que Catalina Chervin hace de sus pequeñas aristas, las que serán portal para esa memoria que excede el arte.

Surge el nuevo héroe, que hasta puede satirizarse en su disuelta identidad, el que se fragmenta, se descorporiza, se evapora.

Y nuevamente se hará visible, triunfante, la cicatriz de la herida –cual magma galáctico que todo lo devora- para demostrarnos que una vez tuvimos nuestra propia rebelión.





Relato II

Esas multitudes desencantadas, emergentes de las utopías, avanzaban aturdidas. No se podía determinar con exactitud su conformación; los bordes eran imprecisos en la luz crepuscular. La sombra como un eco las acompañaba.

Algunos grupos, ya anémicos emocionales, aceleraban la masificación, creando un simulacro de lazo social.

Se diluía el artificio anecdótico.

Los audaces se permitían contemplar el desorden de las partículas, sabiendo que lo próximo, inexorablemente sería el sutil temblor, anunciando la hora del gran crujido.

...y la respuesta fue dada desde la oculta barbarie del alma.



Catalina Chervin rompe con sus trabajos esa realidad tan temida, al presentar esas otras voces de escenas de degradación, desde un país que produce crisis y catástrofes, por una implosión alimentada por seres que viven en la desconfianza, la decepción y una prolongada frustración.

Las distintas formas de imbricados trazos, reflejan el ánimo sectáreo de esta sociedad, que se escuda en la soledad para protegerse de la desdicha. Esas líneas, como arrugas progresivas, marcan el tránsito del ser por esos vacíos, por esos no-espacios, donde formas incipientes plantean el reciclaje de los que perdieron el juego de la felicidad en esta sociedad anestesiada.

Diferentes sectores de sus papeles están trabajados con tinta, que en un cruce de códigos técnicos otorga la forma. En tanto el lápiz carbón –en sus distintas graduaciones- confiere la estructura del contenedor, que en una profanación de límites, se aproxima o se aleja, se aclara u oscurece, enriquecido por los tonos y semitonos de la tinta aguada. Luces y sombras, esperanza y nihilismo, al servicio de estos flash-backs de una comunidad global, que por un bloqueo emocional siente haber perdido toda posibilidad de existencia.

Algunos símbolos se hunden en una fractura negra, una zona de no mirada, donde la desaparición crea una tensión irresoluble, en la cual la máscara social se metamorfosea hasta lo irreconocible y es cuando el papel soporte (cuerpo receptor) recibe la acción desgarradora de la tinta, la que con sus señalamientos, al mismo tiempo desgarra nuestra mente.

Manojos humanos sensibles, sometidos a la sospecha sistemática de grupos disfrazados de líderes del bien común, no hallan otra salida que la autoeliminación. Vulnerables y confundidos, desembocaron en el convencimiento de que el enemigo está dentro de ellos, produciendo suicidios colectivos que no pudieron ser detenidos por la deteriorada red invisible que sostiene el amor universal.

Desde esas heridas que reclaman sanación, se alzan los trabajos de Catalina Chervin como insobornables bastiones de la Resistencia.



Buenos Aires, abril de 2003



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